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DEMOCRACIA Y EDUCACIÓN

❖ María Luisa Blanco Roca. Doctora en Psicología de la Educación. Socia de Asociación Democracia Canarias XXI.

La democracia como sistema político está siendo cuestionada. Surgen ahora iniciativas diversas que se muestran preocupadas y comprometidas con su revitalización, como es el caso de la Asociación Democracia Canarias XXI. Preocupa mucho la deriva internacional y nacional de unas democracias que, en este comienzo de siglo, parecen olvidar la historia convocando a las dictaduras, los fascismos, los genocidios, las persecuciones por razones ideológicas o discriminatorias y las guerras.

La ciudadanía, con una visión interpartidaria, alejándose cada vez mas de dogmatismos estériles, está tomando la palabra. Además de las recientes iniciativas para la unidad de la izquierda, han surgido iniciativas ciudadanas plurales exitosas, como la ILP para la regularización de los inmigrantes o la paralización de la macroplanta de Altri para la elaboración de celulosa en Palas de Rei en Galicia.

Así y todo, la democracia actual se muestra principalmente en su importante vertiente representativa, la del voto. Pero necesita ser complementada, de un modo efectivo y real, con la democracia participativa unida a la llamada democracia comunitaria, al desarrollo de los derechos humanos, la igualdad, la justicia y la transformación social. Para ello es indispensable la educación, pero no cualquier educación.

Como dice Daniel Innerarity en su libro Una teoría de la democracia compleja. Gobernar en el siglo XXI “cualquier elemento de la democracia tomado aisladamente termina produciendo algo que tiene poco que ver con lo que deberíamos esperar de ella.” Cuando el relato de la democracia gira exclusivamente sobre su vertiente electoral, podemos perder la visión de los procesos que le dan vida y soporte, como la participación ciudadana y su articulación educativa y comunitaria, la información y la transparencia, la deliberación, la rendición de cuentas, etc.

La participación de la ciudadanía en su auténtica dimensión tampoco suele ser entendida, y las instituciones no suelen crear las condiciones necesarias para que todas las personas que lo deseen puedan aportar en función de sus circunstancias y capacidades. Se requieren normas, espacios, tiempos y, especialmente, una metodología educativa y social. Sin la adecuada educación no es posible, ya que la democracia participativa no se improvisa.

En resumen, el avance de la democracia participativa lleva consigo la necesaria formación y preparación para su ejercicio. Marco Marchioni expresaba que tanto “los políticos como los técnicos tienen que aprender a gobernar y a trabajar con los ciudadanos y no simplemente, como hasta ahora, para ellos. Por esto tendrán que saber escuchar más, comunicar más e informar más y contribuir así a los procesos de educación colectiva que necesitamos.” Es así como los procesos participativos y comunitarios serían “escuelas” para todas las personas: ciudadanía, profesionales y responsables políticos y sociales. Se trata de una educación unida y articulada en una praxis transformadora junto a la propia acción participativa, política y social.

Así nos vamos acercando al modo concreto en el que la educación puede construir democracia. No es una cuestión estrictamente unida al sistema educativo, pero sin la implicación del sistema educativo en todas sus etapas y vertientes -infantil, primaria, secundaria, universitaria y de adultos- tampoco se avanza desde las raíces y hacia las raíces de una democracia bien asentada. Paulo Freire en su libro La naturaleza política de la educación, Cultura, poder y liberación, nos dice que toda transformación radical y profunda de un sistema educativo solo puede producirse cuando la sociedad misma se encuentra también en transformación. Es por tanto que la educación que necesitamos requiere otra metodología que facilite una mayor implicación y compromiso social. Así, como plantea Joan Subirats, se puede ir fraguando lo que llama “la coproducción del bienestar social”, ya que no puede ser obra exclusiva de los poderes públicos. Es necesaria una educación con los pies y las manos en la tierra, conectada directamente con la mejora participativa de la realidad social y comunitaria.

Esta es una apuesta difícil porque la cultura dominante nos lleva a una enseñanza centrada en la información y en los “contenidos”, donde priman los valores individualistas, donde hay una desconexión con las realidades históricas y sociales. Donde el desarrollo moral y socioafectivo y el trabajo con las habilidades sociales y la inteligencia emocional -necesaria para la democracia, se deja casi siempre a la espontaneidad del profesorado, presionado, a su vez, con el desarrollo de los currículos académicos.

Por ello, los proyectos educativos de centro, desde infantil hasta la universidad e incluso en la educación de adultos “no formal”, tienen que articularse con una conexión concreta y definida con los territorios y entornos donde se ubican los centros. Esa conexión no puede dejarse al azar, sino que tiene que recibir acompañamiento profesional para estar planificada, recogida, expresada, evaluada y coordinada con el resto de los servicios y profesionales que trabajan en un mismo territorio para una misma población.

Los centros educativos tienen que constituirse como un auténtico recurso comunitario. Aquí juegan un papel fundamental los ayuntamientos, como institución más cercana, que podrían como ya hacen algunos- vertebrar una coordinación de procesos y proyectos con orientación comunitaria. Así en cada territorio, con una apuesta municipal clara, existiría un único proceso vertebrador del desarrollo social y comunitario. Así podrían confluir, junto a los diferentes recursos educativos, el resto de los recursos y servicios de cada territorio como los de salud, cultura, empleo, servicios sociales etc. Así se podrían articular procesos científicos de investigación/formación/acción participativa y comunitaria, mostrando experiencias diversas que avalaran y visibilizaran los avances y las innovaciones, llevando al cambio cultural, político y social necesario.

A participar se aprende participando, a escuchar se aprende escuchando, esto se realiza hoy en el sistema educativo especialmente dentro de las aulas, pero es necesario completarlo saliendo al entorno. Solo así puede el alumnado y el profesorado sentirse parte de la comunidad, sumergirse en ella, aprender de la vida real, generando vivencias especiales y un enriquecimiento mutuo. Así se ofrecen oportunidades para salir de los egos, y vivir la necesaria experiencia de que hay una vida real y humana, distinta a la que nos llega solo desde dentro del aula o a través de las pantallas. Vida sugerente y creativa de la que cada alumno y alumna, el propio centro y el profesorado, junto a la ciudadanía, pueden formar parte.

Estas propuestas educativas van más allá de los centros y las universidades. Tienen que ver con el conocimiento de las personas en la diversidad comunitaria y en la vida. Facilitan la reflexión y el autoconocimiento y son una prevención ante las desconexiones y las enfermedades mentales, por desgracia tan presentes en estos momentos de la historia. Experiencias educativas creativas, singulares, conectadas con la ecología social, el cuidado del medioambiente y de las personas en comunidad, unidas al bien común, al feminismo, la igualdad y la paz.

Avanzar en una democracia integral e integradora en todas sus vertientes, representativa y participativa, es posible. Una educación implicada simultáneamente en la transformación 2 personal y social es un elemento esencial para conseguirlo. Para ello se requiere, como he expresado anteriormente, abrirse al entorno como un recurso comunitario. Supone aliarse con la ciudadanía que circunda sus centros, con otras organizaciones y servicios, para atreverse sin miedo a plantar cara a las fallas de un sistema que, hoy por hoy, no favorece suficientemente la transformación social y la democracia que necesitamos y que hemos de construir entre todas las personas. El reto es ilusionante, está emergiendo ya por múltiples rendijas y escenarios y nos convoca a todos.

Las Palmas de Gran Canaria 23 de febrero de 2026.

Pedro La Camera

Socio fundador de la Asociación Democracia Canarias XXI.

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